SOMOS ENERGIA



Somos energía en cierta forma. Comenzamos y terminamos en planos conocidos que rigen nuestros miedos y a veces alegrías. Uno puede llegar a captar estados de ánimo al hablar, mirar, observar o simplemente estando en carne propia. Hoy en día, se desgasta el “porque” de las cosas. Se encuentra atractiva e imponente a los ojos y el oído. Pero, ¿Dónde quedo el “para qué?” Hay mundos conocidos par unos donde se habita tanto física como espiritualmente. El simple hecho de pensarlo o imaginarlo es un arma poderosa en las mentes. Así creamos más energía, o simplemente ya que se está hecho de ella, la canalizamos, (la cambiamos también) para aplicarla a un sentido extra donde otros cinco pueden manejarse a la vez.
“¿Sería yo realmente, yo el que no tiene ninguna barrera, el que simplemente cambiará?” (Oscar Villarreal.) Es una prueba viviente de la energía que se produce al aplicarse en su totalidad sin importar trivialidades físicas, económicas o psíquicas. Es curioso tratar de entender. Aquí el porque se puede cambiar como un para qué en su defecto. No es fácil en un principio afrontar la barrera de lo desconocido. Pero tan sólo el hecho de tener el valor con la energía que se guarda, se puede superar. No es cuestión de duda, o poder, si no de arriesgar pasiones convertidas en más que un deseo para olvidad la barrera del sueño y la realidad.
La rutina es una enfermedad del corazón por sustituir hoy en día. Pues las normas sociales reinan sobre el libre albedrío impidiendo que germine. ¿Anarquía tal vez? Jamás, no es muy diferente para aquél que no se da gusto de probar ambas. ¿Cómo luchar contra la rutina y las normas? Uy, difícil cuestión, extensa. Ese es un régimen difícil de buscarle pelea; como si un hijo fuera a luchar contra los progenitores.
El término que se debe entender es el para qué. Verán que en gran silencio o tal vez una respuesta simple de menos de 6 palabras.
Tal vez se pregunten acerca de las ideas de uno mas gastando aquella energía (sin esfumarla ya que solo se puede cambiar, mas no destruir), con temas como los ideales y los valores. Es ridículo pensar que una simple pregunta puede cansarnos sacando varios argumentos en la cabeza sin poder dar una respuesta exacta o a lo mejor concreta. Pero es fácil concluir, tratando de omitir la fuerza que se lleva por dentro, marchándose y contestando una estupidez que les puede ser realmente coherente, pero, ¿para qué hacerlo si no saben cómo?

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