El Sueño del Llano

Tuve el sueño más raro que en mi vida había sentido procesar con tanta realidad y no es una historia común que pueda alguien imaginar. Siempre con ávida sensación de caer de un precipicio en el sueño, aunque nunca se vea el suelo como un destino final, ya sea agradable o no. Pero sentí eso todo el tiempo en el que habité en este sueño tan raro.
Iba caminando por un llano. Frío y fresco era el pasto entonces. Despedía humedad, lo cual me hacía pasar un rato incómodo tratando de respirar. Por arriba, había un viento amigable que no podía esperar a rozar mi pelo; así despeinándolo de una forma que si te quisiera despeinar sin molestar con mala fe. Traté varias veces de saltar para robar un poco de aire, mas no lo logré. El aire jamás refrescó mis pulmones llegando a un punto de desesperación. Tenía ganas de ser sólo mis pies para tocar el verde suelo que me rodeaba por leguas a la redonda. Pero sólo se puede ser un cuerpo completo aunque la mente sea a veces fracciones de un cuerpo completo aunque la mente sea a veces fracciones de un ente. Me llegue a sentir diminuto, momentos después, ante tanto terreno por caminar. Hay veces que uno se siente tan grande como para poder acaparar un mundo completo. Ésta fue la excepción por ahora. Seguí caminando mientras me entretenía buscando formas familiares en el suelo por varios minutos. Sin remedio alguno, el aburrimiento y el fallido intento en mi pesquisa hicieron que volteara hacia el horizonte para ver a qué llevaba este rumbo.
Jamás encontré un punto final, pues el horizonte se doblaba con el mismo verde y un azul celeste estampado de aborregadas formas (no familiares) color albino. Bajé la mirada y reí sin consuelo alguno. Pues era irónico caminar tanto sin llegar a un destino.
La sensación principal habitaba invariablemente en el tope de mi estómago, como una angustia, sin embargo; había paz alrededor. No había ruido realmente, más que los quejidos del pasto que danzaba con un viento si el llano crecía más alto por allá.
El cielo cambiaba de color, pero no encontré lógica en esto, puesto que no veía el sol, así que ninguna sombra se atrevió a aparecérseme, hasta que volví a alzar la mirada.
Yo, con mis bolsillos en la mano, y un compañero silbido que mató otro rato e tiempo, se detuvieron entonces. Me estaban observando, claro está, pues la sensación aquella que tenía creció como una mancha de tinta en mi papel delgado. Volteé hacia atrás por curiosidad, entonces, apareció un cambio en mi sueño. Todo se oscureció y apunto una luz hacia ti. El pelo te cubría, así que no pude ver tu cara. Un viento leve se paseo por ti, moviendo tu ropa y tu pelo ayudándome a que viera algo de ti, pero sólo tu barbilla y tu nariz tomaron valor para asomarse.
Una voz muy profunda, pero apaciguante, me dijo: “Entonces, has sido tú...” Rápidamente me vino a la memoria un pensamiento que escribí hace tiempo pensando en aquella persona que sería, “La Persona”, y lo relacioné “sin ton ni son”. Dudé por un momento en contestarte, las manos salieron del bolsillo se aferraron en un puño que parecía piedra cada uno. “Yo, ¿qué?...”, pregunté confundido. Te alzaste a verme y lo único que noté eran tus ojos llenos de colores y un mundo luminoso difícil de entender, pero transparente. Eran ojos que me provocaron tragar saliva y respirar profundamente. Me quedé parado ahí esperando a que pasara algo.
Sonreíste y yo también con un gesto de desentendimiento. Me decidí a tomar el paso de nuevo pues el suspenso era poco. Algo me detuvo y mis pies nunca respondieron. Me dijiste, “¿Qué haces?...” en eso caminaste hacia mí cada vez más rápido, hasta correr. De un salto llegaste hasta donde yacía yo tratando de chocar. El impacto jamás fue porque te metiste por mi rostro y te disolviste en el resto de mi cuerpo. Sentí cómo pasabas por cada vena, cada nervio, cada músculo y cada órgano. La sensación que tenía se había vuelto tan incontrolable haciéndome latir tan fuerte que un infarto pudo ser el desenlace. Reías y te oía por dentro. Ibas de aquí para allá, cosquilleándome, y dándome vueltas en la cabeza hasta perder el control y caer como tabla sobre aquel verde pasto. Me desprendí, viéndome en el suelo sonriendo, sin entenderme, mientras sentía que era nuevo. El suelo se partió y caí en un agujero, casi eterno. Cuando vi el fondo pensé otra vez que ahí terminaría, pero rebotando, haciendo un fuerte sonido. Cerré los ojos y cubrí mi cara instintivamente. Tu risa era más fuerte y me dijiste: “¡Despierta!...” abrí los ojos mientras caía sobre mi cama, vuelta a la realidad. Reboté y asustado reaccioné. La mañana ya estaba presente mojándome con unos cálidos rayos sobre mi cara y mi torso. Poco a poco tu risa de desvanecía en el aire mientras trataba de sentir la almohada cerciorándome de mi lugar actual. Confundido volteé a todos lados y vi mi ventana abierta allá en el fondo con las cortinas volando libremente. Eras tú, supuse, quien había salido por ahí, pero te quedaste también dentro de mí. Todavía el polvo de tu aura brillaba hasta el piso. Sentí igual por dentro. Y me sentí diferente, parpadeaba para despabilarme hasta conseguirlo. Fue una larga y agitada noche.
Ahora sé que te he llevado para que me llevaras. Y sigues ahí, la sensación que tenía antes desapareció. Pero te siento todavía aquí. Cada noche trato de ver el llano para encontrarte y agradecerte por desaparecer esta sensación y por haberla cambiado por otra nueva, y mejor, nunca antes sentida. Mientras más rápido late mi corazón, es porque sé que estás cerca, (como sí te detectara.) Y sé que vas a aparecer de nueve, aunque no sé cuándo. Pero estás aquí también y no puedo esperar para volver a soñar y verte en el llano para que choques conmigo y entres de nuevo en mi, tal vez, pero mejor sería si nos convirtiéramos en un solo elemento con un poco de ti y otro de mí...

No hay comentarios.: