El hecho de ser memelero, no te hace menos humano, claro, pero el hecho de ser memelero, no te da derecho a ser un reverendo animal del show de Carmen Salinas.
Esta inolvidable experiencia, puede quedar marcada en la mente (o en la geta) de cualquiera que lo presencie. Todo lo que ha pasado, es verídico. Sin embargo, es chusco a lo idiota. En pocas palabras, me pasó apenas y nomás no lo supero.
Ahí les va la primera parte, o como quien dice, el primer round. Domingo 21 de septiembre, 22 horas. Encontrándome urgido en saciar mi ímpetu por fumar decidí salir a la tienda por vastos cigarros. Así que, me alisté a la aventura en mi búsqueda por la dosis perfecta, y nocturna. Me encamino, una sudadera, y unos tenis me tenían preparado para salir. Camino a la tienda, se notaban algunos individuos en determinante estado etílico que ni Vaco podría superar. Sin importarme, apreté el paso, llegué a la tienda y las voces tlapehueras se alzaron a mentadas. Era irrelevante esto, mi adicción, no.
Entonces, una niñita entre doce y quince años se me acerca, la niña, con una cara de preocupación (como cara de pujido más bien) me pide una Ladatel que neto ni tenía. Tranquilamente le dije que no tenía y me disculpé. No tardó en explicarme que la necesitaba porque a su papá le querían pegar aquellos teporochos y quería llamar a alguien por ayuda. Entonces, me alarmé un poco y dije, “...ve por tu papá y a ver qué invento yo...” ella se acercó a su papá rápidamente. Por cierto, el señor era conductor de un Micro que se encontraba frente a mi destino. En eso, de la nada, aparece una chaparra, gorda, chimuela, apestando a fritanga remojada en pulque o el ya conocido “contempoñac” y se interpone entre el señor y la niñita. ¡Se desatan los macanazos!
Comienza así. Dos pedotes, cara de Juan Dieguitzin, se alborotan contra un honesto asalariado de microbús con cerdos trancazos de gruesos cinturones que se le amontonan en una breve y “civilizada” discusión. La niña, tomada del brazo por la dócil y comprensiva memelera con suaves y delgadas manos cual tabique de hormigón, la zangolotea. Entonces, la niña, asustada, grita pidiéndome auxilio. Me acerqué al par de desequilibradas féminas y le reclamé a la doña: “oiga, deje a la niña por favor”... mientras tanto, los marranos aquellos se apañaban al chofer con una saña de aquellas... Regresando a lo de la ñora, ella me devuelve mi reclamo con semejante sopla mocos en la geta. Yo, en shock, me quedé inmóvil, me sentía ardido también. ¿Cómo se atreve esa “Chupitos” a pegarme si ni me conoce, ni sabe qué hice, ni por qué lo hice? Sin embargo, este lapso ayudó a la niña a soltarse de ella y alejarse.
Momentos después, la bronca seguía y se acercaban dichos perros de rancho hacia mí sin darse cuenta. Tratando de alejarme, me puse tras una caseta de teléfono. La memelera me toma de la sudadera y reaccioné diciéndole “¡Óigame, no me toque!”... ella contestó gritando en dulces y coloquiales palabras: “Pus no te metas, cabrón...” “Pus ni me estoy metiendo”..., le repuse. “¡Pus más te vale!”... me dice, y ¡madres! ¡Otro pinche madrazo en la jeta me llevo! De plano ahí me fui enojado, y evidentemente, madreado.
Segundos más tarde, caminé hacia mi casa (su casa de “asté”, claro) con la adrenalina por sangre, la bilis por saliva y el labio dormido y sin tabacos en la mano. De pronto, vi a mi vecina caminando hacia tal zona de desastre. Ella sale todas las noches a comadrear y a echarse unos molotitos de quesillo con “harta” salsa –quezque pa’ que sepan los condenados- en un puesto que, en esos momentos, se hallaba cerca del guateque bélico. “¡Córrele pa’ la casa!”..., le grité de lejos. Entonces, se regresó a su casa corriendo y gritando como loca. Llegué a la casa, mi papá (alias “el Papusho”) me preguntó que qué pasó, le conté y se ofreció, ya sacadón de onda, a acompañarme de vuelta a la tienda. Mientras, se seguía oyendo por allá los gritos de tan singular vieja. Nos asomamos desde la puerta a ver si no era peligroso salir. La exquisita señora memelera terminó de sonarse a la niña y se fue porque más familiares de ella, como caballería estilo Dorados de Villa, fueron al rescate a detener la trifulca. Pasó frente a mi casa con uno de los que les auxiliaron a salirse de dicha bronca, la señalé y le dije a mi papá que aquélla era la que me moqueteó. Me reconoció, supo que no tenía nada que ver ni con el chofer, ni con la niñita, ni que tenía algo contra ella y sus compadritos. Se asustó y corrió a su casa a esconderse cual rata almizclera. Ahí acabó la primera parte, se presume que todo, pero ¡niguas!
Días después, retomando que esto sería como que la segunda parte, el chofer y la niñita, por la noche, me buscaron en mi casa. Me sacó de onda de hecho porque no les había dicho dónde vivo, pero seguro alguien les dijo y me conocían. Salí, les recibí y hablaron con mis jefes y conmigo. ¡Santos bati-madrazos traían el ñor y la niñita en la “feiz” (por decir jetulia en inglich) cuando los vi ya con la luz. No habían ido mas que a agradecerme que había defendido a su hija (o al menos tratado), cosa que calmó a mi jefe y a mí. Sin embargo, también querían que fuera a atestiguar en contra de la memelera y sus secuaces. Pus neto, me rajé y ni fui. (Conste que si soy de Jalisco, pero esto si fue honoris causa y pus nanai.) Minutos después, mi madre ya que se habían ido aquellos pobres, me preguntó toda la historia en cierto tono de duda paranoiqueante. ¡Changos, monos y gorilas! ¡Ella no sabía qué había pasado! Nos regañó a mi papá y a mí: él, por no decirle; y a mí, por andar saliendo a esa hora. La verdad, ahí también se aprovechó para sacar temas pasados y regañarnos más pa’ desquitar. Ahí terminaría la segunda parte.
Por último, a la semana de lo ya sucedido, ya terminándoles de contar, la memelera me vio en la calle y me pidió disculpas. Yo, dado por servido, accedí. Desde entonces, cada vez que la veo, baja la mirada de vergüenza y no saluda. Perdió varios buenos clientes, por cierto. Así, llego a concluir diciendo que: no se metan en lo que no les incumbe. Si no, van a acabar como yo. Chamacos, la neta, es que los madrazos duelen, pero hay cicatrices, a consecuencias de estos, que pesan sobre otros. Es lo único bueno si no resulta benéfico para los otros pero para ti sí. Y pos, ahí está su moraleja. Así que, gracias, y “gurs naijt”.
Como quisiera dejar de complicarme y autocuestionarme para vivir en calma. ¿Pero, que caso tiene no buscar lo profundo de la existencia si uno posee lo que posee? No se puede vivir en esa plenitud tan simple. Como quisiera hacer menos pregunta s a tu existencia y dejar que fluyamos. Siento que hoy es un capitulo interesante, intenso, infinito. Fuera de los excesos canalizo mis deseos de tocarte y sentirte a través de mis diferentes posibilidades de tacto par saciar mi apetito por cada cm. tuyo.
Quiero entrar en cada esquina tuya, cada rumo que tu sangre tome par a ver si así subes. No quiero afectar tus emociones tan puras, tan intensas por miedo. Pues tus pasos podrían dar marcha atrás. Acepto, confieso, reflexiono cada letra que mi palabra, mi voz y mi mente me otorgan. Sin embargo, no exijo una afirmación ya regalada. Eso me tiene arriba, en el aire. Quiero hacerte saber llevándote a extremos sin tener que pedir tu palabra para otros. Esto es lo que es. Ni un gramo más. Solo déjame gozar tu presencia. No quiero que esto te asuste, quiero que sepas, quiero que me entiendas. Esa es mi incógnita. ¿cómo hacerte entender que somos, como somos y por qué somos y nos mantenemos así sin que tu mente reacciones asustada y apunto de huir...? no pidas, no hables, deja que todo fluya, no hay más que hoy...
Marketing-Music enthusiast, love to play and fool around... read my things... won't regret it...
Mitote Memelero
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario