Salado Desertor


Un día tomó sus zapatos nublados por el lodo de la noche anterior que se hizo por las nubes que provocaron una tromba. La luz era opaca sin anunciar su buen humor. Camino hasta su puerta buscando salud. Se marchó y nunca regresó. Le esperaron en su almohada manchada de sales que salieron de emoción y tristeza mientras pensaban en salir de ahí. Todavía tenía su aroma, como el cepillo que usaba, como su sweater favorito. Salió como su sudor, como su lágrima, lentamente, escurriéndose por el cuerpo de su urbe natal. Mucho silencio en el río del oído de su paciente compañía. Terminó de manchar su almohada hasta dejarla mugrienta para lavar. Para desaparecer las huellas que dejó su desertor como en su nudo seductor. Fue lento, pero violento. Y así salió con sus manchas, como sus lágrimas hasta no saber de ninguno. Entonces, una nueva funda se puso en su lugar esperando un nuevo proveedor de sal líquida.

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