
Creo que me he obsesionado con el tema de los estereotipos demasiado. No sé si sea la costumbre de analizar a gente mientras hago un estudio de mercados, o simplemente es por estar viendo tan seguido una serie de televisión llamada The Office. Recientemente la descubrí por recomendación de un amigo que conocí en Puebla y se declara fan de las comedias de situación complicadas, cínicas y muy americanas. La cómica serie se ubica en una ciudad poco popular en los Estados Unidos. Es una comedia de situación que sucede en una oficina de la cual no es relevante el giro de la empresa. Sin embargo, le da un cierto sabor al ambiente y humor donde personajes como el gerente de área y el resto de los oficinistas. En ella, existen diferentes personajes que cuentan su historia alrededor del trabajo que, a veces puede dar un tono monótono, aunque sea cómico.
La oficina es liderada por el gerente, Michael Scott y su patiño, Dwight Schrute que siempre apoyará las descabelladas decisiones que toma. Mientras tanto, existen otras historias como el romance entre la recepcionista y uno de los jóvenes oficinistas que parodian a la típica comedia romántica de Hollywood como sucede entre Pam y Jim. Por otra parte, existen otros romances casi masoquistas entre el mismo Dwight y Angela o la historia del practicante que repunta de manera tan extraordinaria, que termina volviéndose el jefe del gerente de la oficina más adelante (Ryan).
Los capítulos procuran tocar un tono paródico cuando se trata del comportamiento basado en las jerarquías que representan los personajes. Personalmente, es un ejercicio sociológico increíble porque el tema de los estereotipos, la rutina, la monotonía, el comportamiento de los personajes que tienen durante las horas de trabajo se vuelve una comedia adictiva. Personalmente, he descubierto que varios amigos, entre ellos: de la escuela, de la infancia e incluso del trabajo, que se han vuelto unos “junkies” de The Office. Es una serie genial que, probablemente, sea más que una burla, sino una anécdota proyectada por alguno de los guionistas del programa.
Naturalmente, el gerente, es un señor que a lo largo del programa proyecta los traumas infantiles, su poca preparación y el egocentrismo que remarca en cada capítulo. Personalmente, uno de los capítulos que más disfruté fue cuando él trata de hacer una fiesta especial para la oficina para tratar de arruinar la fiesta anual de toda la empresa en las oficinas centrales en Nueva York debido a que no fue invitado a la fiesta. Le pide a la asistente que prepare toda una fiesta con diferentes y ostentosos recursos, los cuales no tiene el más mínimo cuidado del presupuesto. Inmediatamente, ordenan unas pizzas con el pretexto de que serán muchas y baratas puesto que cuenta con un cupón de descuento.
Al llegar el repartidor de pizza y avisarle que el cupón no aplica sino para solamente dos pizzas cuando él había pedido cerca de veinte. El tipo se disgusta con el repartidor y decide encerrarlo en una sala hasta que aprenda acerca de la calidad en el servicio. El secuestrado simplemente se comporta de manera desinteresada y accede. Mientras tanto, el resto de la oficina se empieza a agitar por lo que acaban de presenciar. Todo mundo comienza a pedirle al gerente que no haga eso porque según la ley, eso era un secuestro.
Al poco tiempo, al tipo le cae el veinte y se desespera regañando a la gente de la oficina. De manera cómica grita “Stop it! You’re acting like idiots! I have it all under control! God! I just discovered there are junkies in my office! You’re just bad-trippin’!!” Para no hacer el cuento más largo, el gerente entra en razón y lo deja ir. Una vez que todos se encontraron disgustados con él, se justificó diciendo que él tomó la decisión de darle una lección al repartidor y su patiño lo apoyó.
Junto con este programa, he visto que hay más que usan este tipo de estereotipos que me matan de la risa. Recomiendo Reno 911 también. Pero, no escribiré esta vez acerca de este programa.
Lo pueden ver en FX para matarse un rato de la risa. Aunque es conveniente llegar sin expectativas y paciencia, es un programa que no usa mucha música y no se oyen las risas como las típicas comedias de situación americanas.
La oficina es liderada por el gerente, Michael Scott y su patiño, Dwight Schrute que siempre apoyará las descabelladas decisiones que toma. Mientras tanto, existen otras historias como el romance entre la recepcionista y uno de los jóvenes oficinistas que parodian a la típica comedia romántica de Hollywood como sucede entre Pam y Jim. Por otra parte, existen otros romances casi masoquistas entre el mismo Dwight y Angela o la historia del practicante que repunta de manera tan extraordinaria, que termina volviéndose el jefe del gerente de la oficina más adelante (Ryan).
Los capítulos procuran tocar un tono paródico cuando se trata del comportamiento basado en las jerarquías que representan los personajes. Personalmente, es un ejercicio sociológico increíble porque el tema de los estereotipos, la rutina, la monotonía, el comportamiento de los personajes que tienen durante las horas de trabajo se vuelve una comedia adictiva. Personalmente, he descubierto que varios amigos, entre ellos: de la escuela, de la infancia e incluso del trabajo, que se han vuelto unos “junkies” de The Office. Es una serie genial que, probablemente, sea más que una burla, sino una anécdota proyectada por alguno de los guionistas del programa.
Naturalmente, el gerente, es un señor que a lo largo del programa proyecta los traumas infantiles, su poca preparación y el egocentrismo que remarca en cada capítulo. Personalmente, uno de los capítulos que más disfruté fue cuando él trata de hacer una fiesta especial para la oficina para tratar de arruinar la fiesta anual de toda la empresa en las oficinas centrales en Nueva York debido a que no fue invitado a la fiesta. Le pide a la asistente que prepare toda una fiesta con diferentes y ostentosos recursos, los cuales no tiene el más mínimo cuidado del presupuesto. Inmediatamente, ordenan unas pizzas con el pretexto de que serán muchas y baratas puesto que cuenta con un cupón de descuento.
Al llegar el repartidor de pizza y avisarle que el cupón no aplica sino para solamente dos pizzas cuando él había pedido cerca de veinte. El tipo se disgusta con el repartidor y decide encerrarlo en una sala hasta que aprenda acerca de la calidad en el servicio. El secuestrado simplemente se comporta de manera desinteresada y accede. Mientras tanto, el resto de la oficina se empieza a agitar por lo que acaban de presenciar. Todo mundo comienza a pedirle al gerente que no haga eso porque según la ley, eso era un secuestro.
Al poco tiempo, al tipo le cae el veinte y se desespera regañando a la gente de la oficina. De manera cómica grita “Stop it! You’re acting like idiots! I have it all under control! God! I just discovered there are junkies in my office! You’re just bad-trippin’!!” Para no hacer el cuento más largo, el gerente entra en razón y lo deja ir. Una vez que todos se encontraron disgustados con él, se justificó diciendo que él tomó la decisión de darle una lección al repartidor y su patiño lo apoyó.
Junto con este programa, he visto que hay más que usan este tipo de estereotipos que me matan de la risa. Recomiendo Reno 911 también. Pero, no escribiré esta vez acerca de este programa.
Lo pueden ver en FX para matarse un rato de la risa. Aunque es conveniente llegar sin expectativas y paciencia, es un programa que no usa mucha música y no se oyen las risas como las típicas comedias de situación americanas.
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